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Terra
La Coctelera

Frases

Una frase de uso común en publicidad dice que "las campañas para jóvenes son diseñadas por gente de 20 años, reformadas por los supervisores de treinta, juzgada por los gerentes de marca de cuarenta y finalmente rechazada por gerentes de sesenta, con el argumento de que no les gustará a los de veinte".

“La depresión es la ira pero sin entusiasmo”

"Cuando el poder no puede con los toros bravos, ataca las vacas mansas".
Dionisio Araújo Vélez

Yo tenía veinte años. No permitiré que nadie diga que es la edad más hermosa de la vida. Todo amenaza con la ruina a un hombre joven: el amor, las ideas, la pérdida de la familia, la entrada en el mundo de los adultos. Es duro aprender cuál es su lugar en el mundo.
Revolución en la revolución, Paul Nizan
El problema nunca es cómo incorporar pensamientos nuevos e innovadores en la cabeza, sino cómo sacar los viejos. Dee Hock
La obligación de un soldado no es morir por la patria sino procurar que el soldado enemigo muera por la suya.
Anónimo.
La paternidad y los espejos son abominables porque multiplican el número de los hombres.
Jorge Luis Borges
Todos los animales son iguales, pero unos lo son más que otros...
George Orwell, Rebelión en la Granja.
¿Que es ésta una mala época? Pues bien, estamos aquí para hacerla mejor.
Thomas Carlyle.
"Cuando hay dos versiones distintas de un hecho, lo inteligente es creer la versión en la que la gente queda peor."
Allen Smith.
"Cuando usted le incumple a alguien una cita sin previo aviso, le está enviando un mensaje que dice que su tiempo es despreciable frente al propio tiempo; qué sus intereses son despreciables frente a los intereses propios; que sus ocupaciones y emociones son despreciables frente a las ocupaciones y emociones propias; que su ego es despreciable frente al propio ego. En fin, se le deja saber, sin duda, que todo en él es despreciable..."
Vars Timbell.
Tener éxito.
El rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasados unos meses, el instructor comunicó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente educado, pero que al otro no sabía qué le sucedía: no se había movido de la rama desde el día de su llegada, a tal punto que había que llevarle el alimento hasta allí.
El rey mandó llamar curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a miembros de la corte. Nada sucedió.
Por la ventana de sus habitaciones, el monarca podía ver al pájaro inmóvil. Publicó, por fin, un bando entre sus súbditos. A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente en los jardines.
Traedme al autor de ese milagro, dijo. Enseguida le presentaron a un campesino.
¿Hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago, acaso?
Entre feliz e intimidado, el hombrecito explicó: No fue difícil, su Alteza: sólo corté la rama. El pájaro se dio cuenta de que tenía alas y se largó a volar".
Si hemos de salvar o no
de esto naides nos responde.
Derecho ande el sol se esconde
tierra adentro hay que tirar;
algún día hemos de llegar...
después sabremos adónde.
José Hernández - Martín Fierro (o la Constitución Nacional)
"Cuando sea posible hablar de libertad, el gobierno dejará de existir".
Friedrich Engels.
"Uno no puede manejar el automóvil y mirar al tiempo".
Edward Siza
"Existe gente que está tan llena de sentido común que no le queda el más pequeño rincón para el sentido propio."
Miguel de Unamuno
La fundación de una tradición.
(Fábula anónima).
Había una vez una ciudad compuesta por dos calles paralelas. Un derviche paso de una calle a la otra, y al llegar a la segunda, la gente notó que de sus ojos brotaban lagrimas. ¡Alguien ha muerto en la otra calle!, gritó uno, y pronto todos los niños de la vecindad se hicieron eco del grito. Lo que realmente había ocurrido era que el derviche había estado pelando cebollas.
Al poco tiempo el grito había llegado a la primera calle; y los adultos de ambas calles se preocuparon y asustaron tanto que no se atrevieron a investigar a fondo de las causas del revuelo.
Un hombre sabio trato de razonar con la gente de ambas calles, ppreguntandoles por que no se interrogaban mutuamente. Demasiado confundidos para comprender el significado de sus palabras, algunos dijeron: ¡Tenemos entendido que en la otra calle existe una plaga mortal! También este rumor se propagó como un incendio incontrolable, hasta que la población de cada calle pensó que la otra estaba condenada a morir.
Cuando se logro restablecer cierto orden, este solo fue suficiente para que ambas comunidades decidieran emigrar para salvarse. Fue así como, por distintos lados de la ciudad, ambas calles evacuaron por completo a su gente.
Aun hoy, siglos después, la ciudad sigue abandonada, y no muy lejos de allí hay dos aldeas. Cada una tiene su propia tradición acerca del modo en que comenzó como un poblado que huyo, en afortunado éxodo, en tiempos remotos, de una ciudad condenada por un mal sin nombre.
El viaje real de descubrimiento no consiste en buscar nuevos horizontes sino en tener nuevos ojos.
Marcel Proust
Algunos creen que el aferrarnos es lo que nos hace fuertes. Pero a veces la clave está en soltarnos.
Sylvia Robinson.
Normalidad: Perfecto estado de expectativa ante la próxima cosa terrible que va a pasar.
Newsweek
Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas: una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas.
Galileo Galilei
"Hay restaurantes tan malos que en ellos pide uno un Dry Martini y recibe un ¡Ay! Martini."
Germán Puerta Zuluaga, sibarita y maestro de publicidad.
"Si sólo intentaba hacer aquello que brotaba espontáneamente de mi ¿Por qué habría de serme tan difícil?"
"Demián", Hermann Hesse
Un cuervo estaba sentado en un árbol, sin hacer nada todo el día.
Un pequeño conejo se dio cuenta de esto y le preguntó:
"¿Puedo sentarme como tu y pasarme todo el día sin hacer nada?"
El cuervo respondió: "Claro que sí, ¿por qué no?"
El conejo se sentó en el suelo, y descansó. Repentinamente, apareció un lobo, saltó encima del conejo y se lo comió.
Moraleja gerencial: para estar sentado sin hacer nada, debes estar muy, muy alto.
Cuento popular.
El mero hecho de que no seas un paranoico no quiere decir que todo el mundo no te persiga.
Anónimo.
Según Dorothy Parker, la gran escritora estadounidense, un dry martini la deja contenta, dos la mandan debajo de la mesa y tres, ¡debajo del anfitrión!
Tomado de la revista La Nota.
Las mujeres seguirán soñando con hombres que no han nacido y los hombres con mujeres que ya no existen.
Florence Thomas.
"Estos son mis principios. Si no le gustan... tengo otros."
Groucho Marx.
"Cada vez que los economistas aciertan, la realidad se equivoca".
Tomado de La Hoja, de Medellín.
Aquellos que creen que lo saben todo nos fastidian a los que realmente lo sabemos.
(N.N.)
El amor es eterno mientras dura.
Vinicius de Moraes.
El amor es eterno mientras dura dura.
Jota Mario.
Alberto Giraldo contó esta perla digna de reproducir:
El ex-senador Jaime Pava aspiró a la Presidencia del Senado frente a Carlos Holguín. Treinta y cinco senadores le firmaron la adhesión. El día de la votación sólo obtuvo doce. Organizó un almuerzo a los doce leales amigos y a la fiesta asistieron treinta y cinco.
"Un economista ve algo que funciona en la realidad y se pregunta si puede funcionar en teoría".
Luis Carlos Restrepo
"En el indispensable y encomiable plan de defensa de derechos humanos y de búsqueda de la igualdad, habrá un momento cuando se exija que los delincuentes y mongoloides puedan acceder a la presidencia. Entonces Colombia ya no será mal calificada en este aspecto, sino como una nación pionera y ejemplar."
Julio César Sámper
Los globos, de Octavio Roldán.
Un hombre viaja en un globo a gran altura y ve a otro muchos metros más abajo.
Se establece el diálogo siguiente:
Hombre del globo alto: ¿Sabe dónde estamos?
Hombre del globo bajo: las coordenadas exactas son 24 horas, 14' 18" Norte, 32 16 07" Oeste.
Hombre del globo alto: ¿Sobre que sitio volamos?
Hombre del globo bajo: sobre un bosquecillo de cipreses de hoja gris, de la especie pudibunda maxi, seguramente importados del Canadá. Los árboles, a pesar de su corpulencia...
Hombre del globo alto: usted es ingeniero de sistemas, por supuesto.
Hombre del globo bajo: ¿Y cómo lo supo?
Hombre del globo alto: porque suministra cantidades de información tan precisa como inútil.
Hombre del globo bajo: y es obvio que usted es gerente general...
Hombre del globo alto: ¿Cómo lo dedujo?
Hombre del globo bajo: pide y pide información, me quita todo el tiempo y anda completamente perdido...
"El perro tiene lo siguiente:
cola 1
patas 4
orejas 2
ojos 2
hocico 1
dientes 32
----
Total 42 "
Recopilado por el profesor Firpo.
"Un comité es un grupo de personas carentes de preparación, nombradas por otras carentes de disposición, para hacer algo carente de utilidad."
F. Allen
Mal asunto.
Uno puede llegar al cielo y decir, «fui albañil», o «fui taxista», o «fui arquitecto», o «fui Amparo Grisales», pero ¿cómo se puede llegar al cielo y decir «fui teólogo»? ¿Cómo se puede llegar al cielo presumiendo de haber explicado a Dios y acaso con la pretensión de explicárselo a Él mismo?
Cándido, en el ABC de Madrid.
La publicidad es el Rock and Roll del mundo de los negocios.
Torn Manahan

"Para vivir, uno tiene que contar con mentiras consistentes como base."
Jairo Gómez Arias.
El pensamiento más importante en la cumbre es el de cómo planear el descenso.
André Mirçoix
La Geometría es el arte de pensar bien, y dibujar mal.
Poincare
La bolsa o la vida.
Tu buscabas la bolsa
Yo te buscaba por toda la vida.
A. Róudrîer
La vida es maravillosa si no se le tiene miedo.
Charles Chaplin.

"Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja".
Proverbio italiano
El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.
W. G. Ward
"En este mundo existen solamente dos tragedias. Una de ellas es la de no obtener lo que se desea, y la otra es obtenerlo."
Oscar Wilde
"Para cortar rápidamente un árbol, gaste el doble del tiempo afilando el hacha."
Proverbio Chino.
Estaba Diógenes cenando lentejas en su tonel cuando le vio el filósofo Aristipo, quien vivía confortablemente a punta de adular al Rey.
Y le dijo Aristipo: "Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas".
A lo que replicó Diógenes: "Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey.
Tradicional.
"Había una vez un chino cuyo único ingreso eran 10 centavos, los cuales gastaba por iguales partes en arroz y flores. Cuando alguien lo increpó por semejante despilfarro él contestó: yo necesito el arroz para vivir y las flores... para querer vivir".
Anónimo.
El hombre es una criatura que mira hacia atrás y hacia adelante de sí mismo; lo único raro es que sepa mirar en derredor y enterarse de veras de lo que sucede y de cómo son las cosas ahora.
Thomas Carlyle.
Nadie está menos preparado para el futuro que quien está más seguro de lo que el futuro traerá.
Watts Wacker, Jim Taylor, & Howard Means
Resulta imposible atravesar una muchedumbre con la llama de la verdad sin quemarle a alguien la barba.
Georg Chistoph Lichtenberg
Poesía es cuando dos palabras se encuentran por primera vez.
(Nota del traductor: ¿Por ejemplo Samper y ética?)
Max Beuse.
"Cuando alguien no tiene nada que proponer, propone una comisión".
Sabiduría popular.
A un grupo de administradores se les encarga la tarea de medir un asta de bandera. Arman un lío con las cintas métricas, discuten sobre la manera de medirlo, se paran en los hombros de otros para llegar a la punta del asta, en fin, tratan todo tipo de cosas infructuosamente. En eso, aparece un ingeniero que les observa por un minuto. Sin decir palabra, se acerca, arranca el asta, la pone sobre el piso, toma una cinta métrica, la mide, anota el dato en un trozo de papel, se lo entrega a uno de los
administradores que le observaban y se aleja. El que recibió el dato rompe el papel mientras dice: "Y dale con estos ingenieros. Necesitamos la altura, ¡y nos da la longitud!"
(Autor desconocido).
Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas: una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas.
Galileo Galilei
La mujer será realmente igual al hombre el día que se designe a una mujer incompetente para un puesto importante.
Françoise Giraud.
Nadie está menos preparado para el futuro que quien está más seguro de lo que el futuro traerá.
Watts Wacker, Jim Taylor, & Howard Means
"Hay dos tipos de personas: los buenos y los malos. Los buenos duermen bien, pero los malos lo pasan mejor cuando están despiertos".
Woody Allen
A mi edad cuando me presentan a alguien ya no me importa si es blanco, negro, católico, musulmán, judío, capitalista, comunista... me basta y me sobra con que sea un ser humano. Peor cosa no podría ser.
Mark Twain
"No se preocupe por ser mejor que sus colegas, rivales o antecesores. Trate de ser mejor de lo que es".
William Faulkner
"El amor es como la mar: uno se tira y nada..."
Oído en la radio.
La costumbre mata.
La costumbre es la más infame de las enfermedades porque te hace aceptar cualquier desgracia, cualquier dolor, cualquier muerte. Por costumbre se vive junto a personas odiosas, se aprende a llevar cadenas, a padecer injusticias y a sufrir. Se resigna uno al dolor, a la soledad, a todo. La costumbre es el más despiadado de los venenos porque penetra en nosotros lenta y silenciosamente, y crece poco a poco, nutriéndose de nuestra inconsciencia. Cuando descubrimos que la tenemos encima, cada una de nuestras fibras está adaptada, cada gesto se ha acondicionado y ya no existe medicina que puede curarla.
"Un hombre", Oriana Fallaci.
"Los mercaderistas tradicionales de los bancos consideran a los clientes en términos de producto o servicio: clientes de una hipoteca, de una cuenta corriente o de una póliza de seguros. Los miembros de la generación N no quieren ser tratados como ventas, quieren ser tratados como individuos, es decir, como clientes o personas. Los mercaderistas de la nueva economía se concentran en la relación, no en la venta o transacción".
Don Tapscott, en "Creciendo en un ambiente digital".
"Matrimonio es cuando dos personas deciden convertirse en una; el problema está en decidir cuál de ellas sobrevive".
Dicho (im)popular.
"A la cancha de tenis se va a jugar tenis, no a ver si las líneas son rectas."
R. Frost
"Tres condiciones se requieren para llegar a ser feliz. Ser imbécil, ser egoísta y gozar de buena salud. Pero bien entendido que si falla la primera condición, todo esta perdido".
Gustavo Flaubert.
"Los trabajadores más ineficientes son trasladados sistemáticamente allí donde pueden causar menos daño: la dirección de la empresa."
El Principio de Dilbert, Scott Adams.
"A mi no me van a coger vivo ni muerto".
Diana Uribe, hablando de Hitler.
Cuando escucho a Wagner durante más de media hora, ¡me entran unas ganas de invadir Polonia!.
Woody Allen
"Los economistas se parecen a los banqueros en que se consideran dioses y desprecian la realidad. Pero tienen sobre ellos la ventaja de que les pagan por hablar, generalmente de ominosos futuros, no por negar sistemáticamente la esperanza. Y una desventaja: no tienen el dinero para mantener a raya a los mortales".
Görgz Sthelpetton, ex-decano de economía Universidad de Upsala.
"Si tienes un problema y no tiene solución, entonces para qué te preocupas. Si tienes un problema y tiene solución, entonces para qué te preocupas".
De la tradición del Tibet.
Nuestra cabeza es redonda para permitir al pensamiento cambiar de dirección.
(Desconozco el autor)
Hay dos legados para dejar a los hijos: el primero, raíces, el segundo, alas.
Unamuno
Quizá no cambiemos el mundo pero al menos podemos hacer sonrojar a los culpables.
Pollitt.
"El tiempo es un excelente profesor, pero desafortunadamente mata a sus alumnos".
Hector Berlioz
¿Por qué es mi enemigo si todavía no le he hecho ningún favor?
Eduardo Santos
Dios no habría alcanzado nunca al gran público sin ayuda del diablo.
Jean Cocteau
¿Por qué será que el corrector de ortografía de mi Outlook cada vez que escribo Samper me sugiere cambiarlo por zampar? ¿Qué le sugiere el suyo?
Enviado por internet.
No hay nada repartido de modo más equitativo en el mundo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente.
René Descartes
"Nada hay más peligroso que un idiota con un sello o un formulario"
(Tomado de "Observaciones acerca de los gerentes de sucursales bancarias").
"Todo lo que puede ser inventado ya ha sido inventado". Charles Duell, director de la Oficina de Patentes de Estados Unidos, 1899.
"Los rayos X son un engaño". Lord Kelvin, físico, 1900.
"La moda de la radio pasará con el tiempo". Thomas Alba Edison, 1922.
"A pesar de que la televisión es teórica y técnicamente factible, comercialmente la considero un imposible. No veo a la gente sentada en la sala mirando una imagen en una caja cuadrada". Lee De Forest, inventor del tubo catódico, 1926.
"No le veo posibilidades comerciales al avión. ¿Quién va a cambiar la comodidad de un transatlántico por una jaula con alas?". Harold Jones, director de la naviera Cunard después del viaje de Lindbergh,1927.
"(Para 1940) la teoría de la relatividad será considerada como un chiste". George Francis Gilette, ingeniero norteamericano, 1929.
"La posibilidad del viaje por el espacio es una absoluta tontería". Richard van der Riet Wooley, al posesionarse como astrónomo real británico, 1956.
"No existe alguna razón para que un individuo tenga un computador en su casa". Ken Olson, presidente de Digital Equipment Corp., 1977.
"640K de memoria debería ser suficiente para cualquier persona". Bill Gates, presidente de Microsoft, 1981.
"Creo que existe un mercado mundial como para cinco computadores".
Thomas Watson, presidente de IBM, 1943.
"La bomba atómica nunca explotará, y hablo en calidad de experto en explosivos". Almirante William Daniel Leahy, dáándole consejos al presidente Truman sobre el proyecto norteamericano de la bomba atóómica, 1945.
"No nos gusta su sonido. Los grupos con guitarra están de salida"
Ejecutivo de la compañía de grabaciones Decca, rechazando a los Beatles en 1962.
"La clonación de mamíferos es biológicamente imposible".
James McGrath y Davor Solter, en la revista Science, diciembre 14, 1984.
Un estúpido dice estupideces, un gerente dice gerenteces.
Facundo Cabral
"Dos puntos que se atraen, no tienen por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es el procedimiento más corto.
Pero hay quienes prefieren el infinito."
Juan José Arreola
" ... resultado económico es la primera responsabilidad de un negocio. Un negocio que no produce utilidad al menos igual a su costo de capital es socialmente irresponsable. Destruye recursos de la sociedad ... "
Peter Drucker
"¿Que importa que el gato sea blanco o negro con tal de que cace ratones?"
Den Xiaoping.
A los hombres que se venden es necesario comprarlos.
Napoleón Bonaparte (y los hermanitos Rodríguez O).
Los franceses son como los belgas en versión avara, artificial y agresiva.
Oscar de la Olla.
Si haces creer a la gente que están pensando, te adorarán; pero si de veras les haces pensar, te odiarán visceralmente.
Anónimo.
"No podemos cambiar algo hasta que lo aceptemos. Condenarlo no lo libera sino que lo oprime."
Carl Jung
"Van cuatro amigos en un automóvil por una carretera solitaria. El auto se vara. Después de un largo e infructuoso examen al motor, uno de ellos, ingeniero de sistemas, exclama: "Tengo la solución... bajémonos y volvamos a subir".
Billy La Rata
Cuando bajamos en un ascensor, siempre tenemos una sensación de vacío en el estómago que a veces puede confundirse con amor.
Groucho Marx.
-¿Rezas antes de comer?
- No, señor. Mi madre es buena cocinera.
N.N.
"pesadilla salvaje la que tuve anoche: soñé que estaba en un hotel manejado por mi banquero. Pedí pan al desayuno y me respondieron: por disposición de la gerencia, el pan se sirve solamente desde las tres de la tarde en adelante. ¿Pero no quisiera probar nuestra nueva línea de ginebra con bacalao? Si lo desea, llene estos veintiocho formularios".
Richärd Böhrhl, "Servicio, realidad y falacias".
"¿Vamos bien?... O ¿vas mal?..."
Javier Monroy, gerente división lubricantes de Terpel.
En algunos, la castidad es una virtud; en muchos, casi un vicio.
Friedrich Nietzsche.
"La televisión es maravillosa. No sólo nos produce dolor de cabeza, sino que además en su publicidad encontramos las pastillas que nos aliviarán."
Bette Davis.
"¿Qué sentido tiene correr cuando estamos en la carretera equivocada?"
Proverbio Alemán.
Dios, cuando creó al hombre, sobreestimó un poco su habilidad.
Oscar Wilde.
Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería.
Otto von Bismark
Amar es ser idiotas juntos.
Paul Valery
"El cerebro es como un paracaídas: si no se abre, no sirve".
Edgar González Vargas
La mayoría de los hombres prefieren morir a pensar. Muchos lo logran.
Bertrand Russell
"El secreto para la creatividad es saber como esconder sus fuentes".
Albert Einstein
"Que época desgraciada nos ha tocado vivir, esta en la que aquellos que deciden quien puede ser feliz y quien no, quien puede progresar y quien debe hundirse, quien sobrevive y quien triunfa, son vendedores de plata ajena... Creen ser los nuevos dioses y a veces lo parecen. Antes el dinero, por sobre todo, daba intimidad y libertad; ahora le da poder a cualquier idiota con un sello".
Al Asid El Saquir, poeta árabe.
Lo más difícil de entender en este mundo es el impuesto sobre la renta.
Albert Einstein.

Nunca negociemos por miedo, pero no tengamos miedo de negociar.
J. F. Kennedy
Entonces todavía tenía ese sentimiento de que nada puede ir mal. Eso se pierde a los veinte.
Johnny Depp
La bolsa o la vida.
Tu buscabas la bolsa
Yo te buscaba por toda la vida.
A. Róudrîer
Del mismo modo que no tenemos derecho a consumir riqueza sin producirla, tampoco lo tenemos a consumir felicidad sin producirla.
George Bernard Shaw.
Sólo el que ensaya lo absurdo, es capaz de conseguir lo imposible.
Miguel de Unamuno.

Lo feo de ser paisa Por Clarita Gómez de Melo

Aunque muchos lo sepan y otros lo puedan adivinar, tengo que comenzar diciendo que soy paisa. Claro que vivo en Bogotá, ¡pero es que nadie es perfecto...! Soy psicoanalista y ese era antes un trabajo muy difícil en Medellín, pues aquí gustaba mucho más la confesión, sobre todo porque es gratis, y enciman el cielo. Y aquí corren para donde haya rebajas y den ñapas. Las señoras antioqueñas nunca se sienten tan realizadas como en una «realización» y le piden rebaja a un termómetro. Tengo que hablar, porque eso me pidieron, de lo feo del paisa. Quizás esto habría quedado mucho mejor en boca de Tola y Maruja, que no son muy típicos. Porque si hay algo que sea casi siempre feo es el humor paisa, y los humoristas de emisoras y de televisión han sido casi siempre de esconder, una vergüenza. Y Tola y Maruja, como Carlos Mario Aguirre, son tan buenos, tan agudos, tan ingeniosos, que no parecen paisas, aunque se apoyen en todo lo de aquí. Ya que me fui por este camino, sigamos con el humor. Los antioqueños nos reímos fácilmente, y tal vez por eso ha sido poco el esfuerzo en este campo. Los chistes antioqueños se distinguen sobre todo porque son burdos, simples, sin ingenio. Como en todo, hay excepciones, pero la mayoría de los chistes buscan la risa con la simple vulgaridad, la palabra fea, la ordinariez. Esto es cuento viejo: algunos de los chistes más viejos de la región son los de Cosiaca. Son los chistes con los que se ríen los niños de ocho o nueve años en todo el mundo, pero los antioqueños quedamos aficionados a ellos para toda la vida. Fuera del chiste burdo, el humor antioqueño se distingue por cierta vitalidad de las locuciones, frases hechas y refranes. No se espera de un paisa que haga un buen chiste en la conversación, que sea realmente ingenioso. En los estereotipos regionales y nacionales, el ingenio es obligatorio en la conversación inglesa y en la bogotana, aunque hay que decir que es una obligación que ya no se obedece mucho, al menos en la capital. Lo que se espera del paisa es más bien que pueda repetir con cierta oportunidad los chistes y refranes que ha oído y sobre todo las exageraciones. El paisa chistoso es el que repite y se sabe muchos de estos dichos. Los refranes pertenecen a una tradición popular antigua: fueron traídos de España en su mayoría, a veces adaptados localmente, y algunos, posiblemente muy poquitos, han surgido aquí. El único refrán que es con seguridad invento local es «antioqueño no se vara». Lo que sí se están inventando son exageraciones y comparaciones. Algunas son más o menos viejas e ingeniosas y se han vuelto lugares comunes: «más fácil hacerle un nudo a un banano», «trabaja más un gorgojo en una lápida», «más amarrado que casa de bahareque». No son frecuentes en autores como Carrasquilla o Efe Gómez, lo que hace pensar que se pusieron de moda a mediados del siglo XX. Pero parece haber un empeño casi industrial de inventar más y más exageraciones y comparaciones, que producen cosas cada vez más simples, puras aplicaciones de una fórmula, que además se practica en toda América Latina: los argentinos, que tratan injustamente de quitarle a Antioquia la gloria de ser la tierra del tango, también compiten produciendo exageraciones por encargo. Cito algunos del Testamento del Paisa, que son pura reiteración: «más peinado que Mandrake», «tiene más dientes una tajada de papaya», «tiene más dientes un pajarito». En todo caso, así no sea tan exclusiva como creemos, la exageración parece responder bien a los gustos de muchos antioqueños. Uno de los rasgos más feos del rostro de los paisas es el racismo. Un racismo suave y un poco vergonzante, pero ahí está. Las abuelas y las mamás, si su hija es más o menos blanquita, siempre preguntan por el color del novio. Los refranes son claros: «Negro con saco, se pierde el negro y se pierde el saco», «Negro que no la hace a la entrada la hace a la salida». En Carrasquilla están estos refranes, lo que muestra que son bien viejos: «los negros a la cocina y los blancos a la tarima», «negro no la hace limpia». La copla popular, que en general reitera el desprecio a los negros, alcanza por excepción a musitar alguna respuesta: «Si vieres comer a un blanco/ de algún negro en compañía/ o el blanco le debe al negro/ o es del negro la comida». Aunque aquí había muchos negros y pocos indios, lo que hizo que los insultos, a diferencia de Bogotá, sean con negro y no con indio, los indios no se escaparon de los proverbios racistas paisas, y al menos dos o tres han sido comunes, aunque han perdido su connotación peyorativa: «indio comido, indio ido», «que porque el indio es pobre la maleta es de hojas». Este racismo es el más elaborado de Colombia. Aquí se habla, desde hace mucho tiempo, me imagino que desde Gutiérrez González por lo menos, de la «raza antioqueña». Nadie habla de la raza bogotana o la raza caleña o la raza santandereana o la raza colombiana, pues eso no existe, como no existe raza antioqueña. Sabemos que somos hijos del mestizaje, en diversas dosis, y que son tan antioqueños los monos de Marinilla como los negros de Remedios o Belmira (con su color azulado y sus ruanas, pues son negros de tierra fría) o los mestizos más o menos aindiados de Frontino o Urrao. Pero el mito de la raza antioqueña pretende que el valor de lo antioqueño, sus cualidades, su antioqueñidad, provienen de que somos todos como los ricos de Rionegro o Medellín, que eran un poco más blancos que los demás, y que vienen de la sangre. No estamos muy seguros de qué sangre, pues unos dicen que somos vascos, otros que somos judíos, y los historiadores a los que pregunto me sostienen que el mestizaje antioqueño no es muy distinto del de muchas partes de Colombia o la América Española, que mezclaron andaluces y castellanos primero y luego se llenaron de vascos, a fines de la colonia. Aquí hay quienes se imaginan que los vascos escogieron a Antioquia sobre el resto de América, pero no es sino ver los directorios telefónicos de Santiago de Chile o México para ver que tienen tantos vascos como nosotros, o hasta más. A la idea de raza le han inventado, desde hace unos años, el cuento de la «antioqueñidad», que es un esfuerzo de crear un estereotipo de las costumbres locales. Y la antioqueñidad es una aplanadora, una avalancha de lugares comunes que van convirtiendo al paisa en una caricatura. Esa antioqueñidad, que es parte de lo feo de Antioquia, está hecha de lo pintoresco, de un folclor más o menos convencional, de la exaltación del carriel, de la música más pobre de la tradición popular, de la comida típica, del aguardiente (para mejorar las rentas de la Empresa de Licores, que ayudan a los políticos que promueven la antioqueñidad). La antioqueñidad trata de convencernos de que somos muy especiales, muy originales en costumbres y hábitos, que como en toda sociedad, son generalmente importados o comunes a muchos otros. Para dar unos ejemplos, el carriel, que acabo de mencionar, fue probablemente una bolsita de los mineros ingleses (carry all). La bandeja paisa o plato montañero, que se llama así hace poco (en el testamento del paisa, que es de 1961, lo llaman dizque «almuerzo de maromero»), la encuentro descrita así: «el plato nacional está compuesto por arroz, carne desmechada y caraota». Se llama pabellón y si se le pone un plátano maduro frito al lado se llama «pabellón con baranda». Pero los venezolanos no pueden estar tan tranquilos con su comida nacional, pues leo de un plato compuesto de carne o pollo en salsa, acompañado de arroz, fríjoles, plátano maduro, ensalada, que se acompaña en ocasiones con un huevo o con aguacate, según la época de mayor abundancia de este último producto: es el plato nacional de Costa Rica, que se llama «casado». El «oloroso tamal» de Juan José Botero es plato nacional en Venezuela, México y Costa Rica, que yo sepa, y El Nuevo Herald de Miami dice que los venezolanos, inventores de la arepa, están muy preocupados por la competencia que les está haciendo en Miami la Quaker Oats. Esta antioqueñidad tiene muy poco que ver con la cultura antioqueña real. Los escritores les gustan muertos y canonizados pero no leídos. Como Carrasquilla, Efe Gómez o León de Greiff fueron tan críticos de esa Antioquia de carnaval, los ponen en los altares pero no los leen. Y no les mencionemos a Fernando Vallejo... Mientras más antioqueñidad se promueve, menos se apoyan actividades culturales reales, como las de la Biblioteca Piloto o los Museos. A los conciertos que antes traía la Sociedad de Amigos del Arte los paisas prefieren hoy «El camino de la vida», que los hace llorar a moco tendido. Porque lo que se está exaltando es una cosa muy rara. Antes de los narcos, aquí había una cultura más o menos austera, en la que la ostentación y el derroche eran mal vistos, que trataba de mirar al mundo exterior, de aprender de los demás. Los narcos nos enseñaron las virtudes del derroche, de la parranda escandalosa, de la ostentación de generosidad para invitar a beber. Hoy ya no son tan importantes, pero nos dejaron una herencia fuerte: lo que importa hoy en Antioquia es la rumba y para las autoridades es más importante la fiesta y la feria que parar la violencia o mejorar la educación. Aquí hay una bomba y mueren muchos, y la televisión se llena de invitaciones a venir a tomar más aguardiente a mitad de precio el día siguiente: ya ni siquiera le hacemos el duelo a los muertos. Y por otra parte, cada vez me parece que la tentación de los paisas es mirarse el ombligo. En esto, creo, hay un problema de inseguridad. Toda ciudad, toda región, todo país, tiene cosas buenas y malas. Hay rasgos antioqueños, desde el siglo XIX, que pueden ser feos. La gana de plata era para muchos excesiva, aunque para otros era una forma de la virtud del trabajo y del deseo de progresar, fuera de algo democrático: una sociedad sin aristocracia donde la plata igualaba. Un viajero francés, Saffray, escribió hace casi 150 años: «El dinero es lo único que da a cada cual su valor. El muletero enriquecido llega a ser don Fulano de Tal; y si pierde su fortuna no ha de imponerse privaciones para conservar su rango adquirido por casualidad; vuelve a vestir su antiguo traje... El único término de comparación es el dinero: un hombre se enriquece por la usura, los fraudes comerciales, la fabricación de moneda falsa u otros medios por el estilo, y se dice de él ¡es muy ingenioso!». Hace diez años en todas partes decían que un refrán local era «haga plata mijo. Si puede, honradamente. Pero si no, haga plata, mijo...» Yo nunca lo había oído y puede que se haya inventado hace poco, pero no dudo que hacer plata sí era una obsesión local, y que muchas cosas buenas se sacrificaron por la plata. Medellín, que tiene pedazos tan bonitos, pero tanta zona feísima, es una ciudad pobre en espacios públicos, con muy pocos parques: el gran parque que podía haberse hecho a los dos lados del río terminó pavimentado y los cerros se seguirán llenando de gente. Aquí todo se tumbó para hacer lo nuevo encima: no nos quedó ciudad colonial, no nos quedó ciudad del siglo XIX. Lo más viejo es ya Prado, que no creo que aguante mucho. Tumbaron el Teatro Municipal, el Junín. Los antioqueños somos los únicos que pavimentamos el río que cruzaba la ciudad vieja, la quebrada Santa Elena, pero seguimos llamando al cemento «La Playa». Un francés que tenía unas amigas que vivían en la Playa con el Palo vino una vez a visitarlas, y trajo su vestido de baño... Y por la plata (no sé si para hacerla o robarla) se hizo el adefesio del Metro por el Parque de Berrío, que convirtió a la gobernación en un orinal y a la Candelaria en una iglesita de pesebre, pues el altar es la estación. Ni en los Estados Unidos, adoradores del becerro de oro, son capaces de poner una estación de metro frente al Capitolio... Aquí se adora también el becerro de oro, y además lo ordeñan pa¹ vender la leche. Una de las cosas más feas de hace años fue el «hacha que mis mayores...», la cual, según Efe Gómez, era lo más destructivo: «El hacha del antioqueño y el caballo de Atila serán en adelante en la historia los símbolos definitivos de la desolación; con la sola diferencia de que Atila asolaba para saquear y los antioqueños para sembrar maíz. Y saquear ha continuado siendo un magnífico negocio, en tanto que sembrar maíz no ha dado nunca los gastos». Ahora se habla más de medio ambiente, pero cada que uno recorre las carreteras que pasaban hace veinte años por entre selvas ve que la cosa sigue progresando, aunque ya no es el hacha la que trabaja sino la sierra eléctrica, que además sirve para otras cosas. Arriba mencioné que hay un problema de inseguridad. Lo veo en que, frente a las cosas feas, la reacción antioqueña es asumirlas como si fueran una maravilla. Le cantamos al hacha con entusiasmo, cada que entonamos, con un entusiasmo que yo comparto, el himno antioqueño. Creemos que Medellín, después de ese machetazo a la Avenida Oriental, después del metro por el Centro, es la ciudad más hermosa del planeta. Antes creíamos que tenía la catedral más grande del mundo, «de ladrillo cocido». Tenemos que exagerar para sentirnos tranquilos. Nos sentimos muy chiquiticos si no repetimos una y otra vez que somos los mejores, los más bonitos, los más verracos, los más ingeniosos del mundo, los más madrugadores, los más trabajadores, los del ritmo paisa -que sólo sirve para levantarse temprano, porque para bailar no es muy presentable: los antioqueños hemos sido, aunque cada vez menos, muy reprimidos a nivel pélvico. No es sino ver alguna de las páginas de presentación de Medellín en Internet, o los folletos turísticos, para ver la capacidad que tenemos de decirnos mentiras para autoelogiarnos. Aquí las cosas ya no son muy buenas o bonitas, sino «demasiado buenas» o «demasiado bonitas»: en la gobernación hay un ascensor, el que lleva a la oficina del gobernador, que tiene un letrero que le advierte a uno: «Este ascensor es demasiado seguro». Y la exageración tiene por allá cierto dejo trágico: la forma mayor de exagerar es decir que algo es horrible: «horrible de bueno». Aquí si quieren elogiar al doctor Nicanor (Restrepo), seguro que dicen que «tiene una cultura general horrible». Pero he oído decir que aquí tienen hasta un edificio que es «horrible de inteligente». No quiero ejercer de psicoanalista, pero una cosa que lo golpea a uno mucho en Antioquia es la dificultad de los hombres para bajarse de la falda de la mamá. Aunque me imagino que en eso hay mucho de mito y de exageración de periodistas, algo había en el cuento de que muchos de los asesinatos de los adolescentes eran para llevarle la nevera a la cucha. Que pa¹ que querían nevera: ¡qué más nevera que esos maridos que nunca llegaban! En Medellín a ningún hombre le saben nunca tan bueno los frisoles o la arepa de la señora como los de la mamá. Como las mamás judías, cuando una de aquí regala dos corbatas y el muchacho se pone una, le pregunta si fue que la otra no le gustó: son expertas en crearle culpa a sus crías, que siguen pegadas a la teta. Claro que otro cambio que de pronto lo debemos a ese cataclismo cultural que pasó aquí con la plata de la droga, es que ya no nos gusta la belleza natural de las mujeres, sino la de silicona. Y quién sabe cómo será el Edipo de estos muchachos de ahora, a los que la leche les debe saber a plástico. Porque lo que es claro es que Medellín se está volviendo la capital del mundo de la silicona. Y eso a mí no me parece bonito. El poder de la mamá puede tener alguna relación con la fuerza que tuvo la iglesia, y que fue bastante maluca: en Antioquia estaba prohibido bailar, ponerse sweater, leer El Espectador y El Tiempo, ser liberal, separarse. A quienes se salían un poco de las reglas de Monseñor Salazar y Herrera, Monseñor Caycedo o Monseñor Builes, lo «pulpitiaban», y si una mujer se separaba y trataba de seguir su vida la declaraban «mujer infame». Esto debe haber dejado sus marcas. Y fue tanta la represión que el desquite fue completo: la sexualidad se soltó del todo, y en algún momento el demonio, que antes se quedaba en Puerto Berrío, se apoderó de los paisas. La gente dejó de hacer caso a la religión y a algunos de los mandamientos, y las acciones de la Iglesia se desvalorizaron. Fue tanta la crisis, o el influjo de Satanás, o el peso de esa tradición tan propia del gusto por la plata, que la Arquidiócesis tuvo que convertir el Seminario en un Centro Comercial. De manera que a los paisas los cuidaban la iglesia, la mamá y El Colombiano, que hace años salía lleno de fotos de curas y de mamás. De esta santísima trinidad tal vez lo que sigue más sólido es El Colombiano, porque lo que es a la iglesia y a las mamás ya hay muchos que no le comen cuento. Tampoco me parecen bonitos algunos hábitos más bobos de los antioqueños: a veces me asusta ese acento voluntariamente exagerado, esa gana de mostrar que somos ordinarios, y en algunos jóvenes, ese cantadito de mamá que tienen. Y los nombres compuestos que les gustan a los papás paisas: que dizque Clara Victoria y Jorge Orlando. Y eso que no nos tocó la hora de la verdadera antioqueñidad, la de los John, los William, los Morgan Echavarría y los Orson Vélez. Quizá lo más feo del paisa es que queremos ser una tribu. En cualquier ciudad, en cualquier región, hay gente de todas clases. Hay gente buena y hay pícaros; hay gente simpática y antipática; hay personas generosas y amarradas. Pero aquí exigimos que nos juzguen en bloque, que hablen de «los paisas» o de «los antioqueños». Y por supuesto, reivindicamos como antioqueño sólo la parte buena de la tribu: son antioqueños los deportistas que ganan, los políticos que triunfan, los empresarios exitosos, pero no parecen antioqueños los desempleados, ni los pobres, ni los empleados corruptos, ni los delincuentes, ni las putas que tanto le gustan a muchos antioqueños. Y después de enumerar el lado bueno, tratamos de inflar pecho con lo que algunos pocos paisas hacen. Tratamos de vivir de la gloria de Fernando Botero o sentimos que Juanes debe sus éxitos a algo que también hice yo. Y lo que nos emociona es que les paren bolas en Miami o Nueva York, que se volvieron nuestra piedra de toque. En realidad, hay sólo dos paisas que aparecen con frecuencia en los periódicos de París o Nueva York: Fernando Botero y Fernando Vallejo. A los que nos dan la oportunidad de lucirnos les perdonamos que se hayan ido, aunque con esfuerzo. A Botero, que además dio ejemplo de generosidad a un pueblo más bien amarrado, ya lo perdonamos; a Vallejo, como no hace sino hablar de lo malo y de lo feo de Medellín, nos va a costar más trabajo... Tal vez si se ganara el premio Nobel... Estos triunfos y orgullos vicarios tienen un problema: la misma tribu, o raza como creen algunos, también ha hecho aportes tan importantes a la vida nacional y a la cultura mundial como Pablo Escobar, Carlos Castaño o Pedro Antonio Marín, un paisa que se cambió el nombre por el de otro paisa, el concejal de Medellín Manuel Marulanda Vélez. Somos muy ingeniosos e inventamos, antes de los talibanes, volar un avión lleno de pasajeros inocentes, hemos llevado las masacres a un nivel de desarrollo incomparable, con mucho espíritu de industria y organización. Según esas páginas llenas de dulce melosería y de virtudes infinitas que describen a los paisas en Internet, los antioqueños reciben con los brazos abiertos a todos los extranjeros. ¡Claro!..., pero que cuiden la billetera, porque en esto somos como toda la gente del Tercer Mundo, sólo que un poco más eficientes para el chalequeo. Somos muy trabajadores, pero como lo ha escrito Fernando Vallejo la más trabajadora ha sido, y en esto sí nos destacamos en el mundo, la muerte: los antioqueños hemos mandado para el otro lado a casi 100.000 personas en veinte años, más gente que los de la guerra de los Balcanes. ¡Esa sí es gracia! El auge del narcotráfico, que para ser tan grande tuvo que usar muchas de las virtudes de los paisas; la inmensa violencia que nos ha convertido en la tribu que más homicidios ha hecho en su propia gente en este siglo (en Africa o los Balcanes los muertos son casi siempre de otra tribu) nos han avergonzado callada e íntimamente, y por eso ahora nos la pasamos hablando de cómo somos de buenos, de inteligentes, de recursivos y de pacíficos. «Chicaniando», pero siempre mostrando sólo la mitad de la moneda. Nos volvimos mentirosos, para engañar a todo el que viene a Medellín, pero nos acabamos creyendo la mentira. Y por eso, no somos capaces de arreglar muchos de los problemas que tenemos. ¿Cómo mejorar la educación, si estamos convencidos de que aquí es una maravilla? ¿Cómo resolver el problema de la violencia, si creemos que ese es un problema igual en todas partes y que Medellín tiene problemas, pero es lo mismo que en Nueva York o Bogotá, donde también lo matan a uno? Pero no queremos ver que en Medellín mueren 3.000 personas al año, cuando en Bogotá, que tiene tres veces más habitantes, ya han logrado bajar la violencia a menos de 2.000 por año. Pero para eso hay que reconocer que hay un problema. ¿Cómo desarrollar una buena política cultural, si creemos que Medellín es la capital cultural de América, cuando lo que tiene de verdad para mostrar es este Museo, que habría podido ser muchísimo más importante, habría podido estar a la altura de los dos o tres mejores de América Latina, si nuestros alcaldes y gobernadores hubieran pensado que valía la pena meterse la mano al dril para sacarlo del abandono en que lo tuvieron hasta que Botero anunció que la parte más importante de su colección la iba a regalar a Bogotá? Pero es que cuando uno empieza, lleno de inseguridad, a juzgarse en todos los momentos, a ver cómo nos atisban, a vivir de cuenta de cómo nos valoran los extranjeros, y en especial los gringos, va perdiendo autenticidad, la vieja autenticidad que estaba en las virtudes locales y de la que habló Cayetano Betancur, y acaba movido sólo por la envidia, irritado por las críticas, pensando que todo el que se va se vuelve un traidor, que si un paisa critica algo es por razones personales, porque le pasó algo... Claro que yo también estoy mirando sólo la mitad del problema. Pero fue que me pidieron hablar de lo feo, inevitablemente ligado a lo malo: ya Platón identificaba lo feo con lo malo. Habría podido hablar de lo bueno, porque hay muchas cosas buenas entre mis coterráneos, pero esa suerte la tuvo Nicanor. Pero lo más malo de todo es que no hemos aprendido a entendernos en toda nuestra realidad, que queremos engañarnos viendo sólo la mitad de lo que somos y negando el resto. Ese es el espíritu de la llamada antioqueñidad: mentirnos sobre nosotros mismos, reconocer sólo lo bueno, y llenarnos de una mitología pintoresca y complaciente. Tenemos que demostrar que somos grandes.